Últimamente no hago más que leer artículos titulados ‘Cuidado con Facebook’ ‘Ojo con las redes sociales’, ‘Protegete frente a los peligros de Internet’ y en ese plan, avisándonos de las hordas de maniacos, pederastas y estafadores piratas que nos esperan agazapados en cada recoveco de la red. Cada vez que doy con una joya de este genero internetero-catastrofista, sonrío y me acuerdo de mi padre. Por estas fechas sería su cumpleaños. Digo sería, porque tuvo la mala ocurrencia de morirse hace unos años. En general era una persona muy ingeniosa y divertida, pero con lo de morirse, pues no estuvo nada acertado, la verdad. La cosa es que mi a padre le encantaba internet. A finales de los noventa se abrió su Hotmail, se apuntó a una cerro de listas de distribución sobre historia, que era lo suyo, y se pasó los últimos años de su vida dedicando varias horas diarias a contestar correos. A veces refunfuñaba “¡Que horror, no sé si borrarme de alguna! No me da tiempo a leerlos todos, me colapsan el buzón y además no paran de preguntar…” pero al final siempre encontraba un ratito para dar con el dato necesario o solucionar una duda. Y luego, tiempo después, fue y se murió casi de repente. Su funeral fue en una iglesia muy grande y como vino mucha gente, el pésame fue eterno y agotador. Cuando estábamos terminando, ya mareada de tanto ‘Lo siento mucho’ , me fijé en un grupito de ocho o diez personas que se acercaban con cara de susto. Uno de ellos avanzó un poco y, a modo de portavoz del resto, habló: ‘Hola, no nos conoces, no nos hemos visto nunca… En realidad tu padre tampoco conocía nuestras caras, pero éramos colisteros y siempre nos ayudó mucho a todos: contestaba a todo el mundo, podías preguntar lo que fuera, que allí estaba su mensaje para orientarte y echarte una mano y siempre con toda la humildad del mundo. El día que murió, alguien lo posteó y por eso nos enteramos. Así que aunque no llegáramos a conocernos en persona, queríamos venir, al menos a daros un abrazo’. Me emocioné entonces y aún hoy me emociono con solo recordarlo. Por eso, siempre que leo esos artículos sobre la cantidad de malos malignos que pululan por las redes, me acuerdo de mi padre y de su funeral, y sonrío.
Internet, mi padre y las sonrisas
18 dic 08 Autor: estacionencurva En: tecnología2 comentarios
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Sobre Estación en curva

alberto
19 dic 2008 | 11:23 AM
Debe de ser un gustazo que se acuerden de uno de esas dos maneras tan bonitas (la de sus colisteros y la tuya).
estacionencurva
22 dic 2008 | 12:22 PM
Gracias, Alberto... si, creo que le habría (o habrá, quién sabe) gustado :)