Empezamos mal la semana: así de entrada, resulta que cierra Soitu. Y lo hacen con estilazo, con un diseño precioso, poniendo todas las cartas posibles sobre la mesa, contestando a todas las preguntas y con una buena dosis de eso tan escaso que es el sentido del humor, aliñado con una pizquita de nostalgia. Todo esto, cada paso que dan tras el anuncio, resuena por toda la red en forma de un aluvión de comentarios plañideros, post luctuosos, grupos de apoyo moral en FB, tags reivindicativos en twitter y demás parafernalia ciberactivista dospuntocerosa.

De Soitu, como del cerdo, me gustaban hasta los andares y todo se podía aprovechar: el aspecto gráfico, el contenido, el espíritu colaborativo, el tipo de periodismo… Cuando lo supe, lo primer que sentí fu pena y un impulso irrefrenable de unirme al velatorio virtual. Justo cuando iba a hacerlo, me cayeron encima como una losa un par de tuits demoledores de Calvin y elqudsi. Entonces recordé cuantas veces había entrado yo en soitu los últimos seis meses. Y pensé que no vale hacer una cosa y luego decir otra, tirar la piedra y esconder la mano, que hay que ser un poco consecuente con los propios actos.

No voy a discutir si detrás de todo esto está la mano negra de los bancos que no quieren gente informada, sino borregos, o son las presiones de los medios convencionales, o la crisis económica. Tal vez el quid estaba en un mercado no lo suficientemente maduro y resulta que soitu no era el cerdo, sino la margarita. Los cerdos habríamos sido los usuarios, por no enterarnos de lo que teníamos en los hocicos. Puede que todas esas razones sean la causa o puede que ninguna tenga nada qué ver y simplemente resulta que no tocaba, a veces la vida es así de imprevisible.

Así que no tengo demasiado remusguillo por no haberlo leído más y más a menudo, no creo que con un puñado de lectores más las cosas fueran distintas. En realidad, tengo cargo de conciencia porque sé que si lo huera leido más, habría disfrutado más y habría aprendido cosas que ahora nunca sabré; cargo de conciencia por desaprovechar una buena oportunidad y no saber apreciar la margarita que me alargaban. Pero como las buenas oportunidades, si son buenas de verdad, pasan dos veces, solo digo: Hasta luego, Soitu, ya nos veremos por ahí, la próxima no te me escapas.