Había pensado daros la chapa sobre mis múltiples personalidades y la manera en que utilizo las redes sociales para darles cancha y esquivar el frenopático. Podría contaros lo de la marranada del rock and roll y torturaros con glorias pasadas de gintonics, temazos y demás rollos, en plan abuela cebolleta infumable. Como poder, podría contaros debidamente qué hace la cosa y como funciona. Pero estoy enamorada, y ya sabéis que el amor te deja idiotizada, a mí por lo menos. ¡Qué bonito! En la vida aparece todo de golpe y eso incluye el servicio/red/aplicación/sitio dospuntopelotacero perfecto. Me derrito. Lo voy a decir, porque se que no podéis más: se llama blip.fm Es inmediato y sobrio, como twitter, pero ya se sabe que, si una imagen vale más que mil palabras, una buena canción vale más de un millón. O sea, para que voy yo a soltar chuminadas si alguien las ha dicho antes mucho mejor y con una melodía que te pone de punta hasta el ombligo antes de pegarse en tu cerebro igual que un chicle al pelo.
En corto, buscas la canción que te apetezca, si no está, la subes (que vengan y te tosan) y, acompañada de un comentario glosando el estribillo, la blipeas para pregonar por la internet qué te gusta, como estás, dar un achuchón a tus listeners, o simplemente, porque te apetece oírla. Y eso. Aquí también sigues y te siguen, más exactamente, escuchas y te escuchan, con lo que en tu home siempre habrá una listita de trallazos frescos, recomendados por la parroquia.
Algunos ya avisan que esto durará poco, que en cuanto la cosa empiece a engordar, llegarán los guardianes de la virginidad del copyright y nos cortaran de cuajo el subo-bajo pincho-pongo que nos traemos entre manos. Bueno, no quiero ni pensarlo, este magreo sónico y guarro me pone demasiado como para prescindir así de cuajo. Cuando se acabe, se acabó, pero mientras dure, a pasarlo bien.
